n, entregaba las maletas. Fue un momento para recordar. Una mezcla entre alegría y cansancio se apoderó de este nuestro grupo. Pero esta no ha sido la única buena noticia d
el día.
Por la mañana muy temprano, tras haber dormido poco, tomamos un desayuno continental rico, rico, rico, como diría Arguiñano. Un desayuno que nos dió las fuerzas necesarias para aguantar el largo camino que nos esperaba a lo largo del día. Comenzamos con un paseo por el distrito comercial de la ciudad, es decir por la zona donde se concentran los Corte Ingles pero versión Francesa. Un agradable paseo nos llevó hacia la zona de gran lujo de la capital Francesa, la plaza Vendome, donde pudimos regodearnos entre los adinerados parisinos cosmopolitas. Pudimos disfrutar también del gran patrimonio cultural del centro de esta ciudad, la Ópera de Paris, la plaza de la Bastille y la Madeleine entre otros. La visita continuó por el museo D´Orsay, donde pudimos disfrutar de una gran variedad de obras de arte de los últimos siglos, y, sobretodo, de los pintores del impresionismo (Manet, Monet, Van Gogh, Renoir, ..). Fue realmente la primera caminata y paliza del día. Tras la finalización de la visita, se dió libertad al personal para que cada uno fuera a comer donde cada uno viera conveniente. Sobre las cuatro de la tarde( hora menos en Canarias), comenzó la visita a unos de los museos más grandes del mundo, Le Museé Du Louvre. Todos sabíamos de la alta envergadura de este museo, pero no nos pudimos imaginar la cantidad de obras de arte, caminos interminables, laberintos infinitos y escaleras que parecían desembocar en el mismo abismo siempre. Solo unos pocos pudimos terminar el recorrido en el tiempo marcado, lo que para nosotros fue una gran satisfacción. 
Una vez concluida la visita, se nos dió tiempo para poder disfrutar de las caras cafeterías parisínas donde, algunos tomamos unos cafés y unos dulces típicos del lugar. Para finalizar este largo y agitado día fuimos al restaurante donde cenamos como todas las noches. Hay que destacar la mejora en los menús con la incorporación de la lasaña además del filete empanado y el pollo con patatas fritas. Algo destacable fue que el encargado del restaurante estaba complacido con la actitud que presentamos todos nuestros compañeros. Para acabar con el día cogimos el metro y nos dirigimos hacia el hotel. La intensidad y el gran esfuerzo que ha supuesto este día, ha hecho que estemos exhaustos y cayésemos a la cama al estilo denominado "pandereta", en redondo.
Desde París les mandamos un cordial saludo muy afectuoso y una feliz semana blanca. A dormir que mañana hay que estar en píe a las siete en punto.
Abraham y Francisco José.

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